Trabajar más y ganar menos: la precarización laboral golpea a millones de mexicanos
- Laura Yépez

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Alejandro Martínez Castañeda
Morelia, Michoacán, 07 de mayo de 2026.-En México, millones de personas trabajan todos los días largas jornadas laborales sin que eso garantice estabilidad económica o una mejor calidad de vida. Aunque durante años se promovió la idea de que “el esfuerzo lo es todo”, la realidad actual refleja un panorama marcado por bajos salarios, informalidad y desgaste físico y emocional.
Datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señalan que gran parte de la población trabajadora en América Latina enfrenta condiciones de precariedad, una situación que también se refleja en México, donde millones de personas sobreviven en la economía informal, sin acceso pleno a seguridad social, prestaciones o contratos estables.
De acuerdo con la organización Estudios de Género en América Latina (EGAL), la desigualdad también tiene rostro de mujer. En México, las mujeres continúan percibiendo menores ingresos que los hombres y son mayoría en empleos informales, de cuidados o mal remunerados. Además, muchas enfrentan dobles jornadas al combinar trabajo asalariado con labores domésticas no pagadas.
Otro sector golpeado es el de las juventudes. A pesar de contar con mayor preparación académica que generaciones anteriores, miles de jóvenes profesionistas enfrentan empleos con bajos salarios, contratos temporales y pocas oportunidades de crecimiento. En muchos casos, incluso con licenciatura o posgrado, los ingresos no alcanzan para independizarse o acceder a una vivienda.
Esta situación ha comenzado a tener consecuencias sociales importantes. Cada vez más personas consideran imposible formar una familia o tener hijos debido a la incertidumbre económica y al alto costo de vida. Expertos señalan que el cansancio, la ansiedad y el agotamiento laboral se han vuelto parte de la vida cotidiana de millones de mexicanos.
Diversos colectivos y organizaciones sociales sostienen que estas problemáticas no son individuales, sino estructurales, derivadas de un modelo económico que prioriza la productividad y las ganancias sobre el bienestar de las personas.
También recuerdan que derechos como la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y las prestaciones laborales fueron resultado de luchas obreras y movimientos sociales, no concesiones gratuitas.
Ante este panorama, especialistas llaman a fortalecer la organización social, la defensa de los derechos laborales y la exigencia de condiciones dignas de trabajo, en un país donde, para muchas personas, vivir con tranquilidad parece convertirse cada vez más en un privilegio.





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