top of page
728X161.png

Trabajar sin tiempo para comer: una forma silenciosa de desigualdad

  • Alejandro Martínez Castañeda
  • hace 2 horas
  • 2 min de lectura

Por Alejandro Castañeda


Morelia, Michoacán, 25 de junio de 2026.- La forma en que las personas se alimentan no depende únicamente de cuánto dinero ganan. Las jornadas laborales extensas, los largos tiempos de traslado, la informalidad, la ausencia de espacios adecuados para comer y la falta de pausas durante el trabajo también determinan qué, cuándo y en qué condiciones se alimentan millones de trabajadores, revela una investigación difundida por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


Durante la conferencia “Comer trabajando: repensar la alimentación a partir de los mundos laborales”, la investigadora de El Colegio de México, Tiana Bakić Hayden, planteó que los estudios sobre alimentación han puesto tradicionalmente su atención en el hogar, dejando de lado un espacio donde también se producen importantes desigualdades: el trabajo.


La especialista explicó que las encuestas suelen medir la seguridad alimentaria a partir de los ingresos y el consumo familiar, pero este enfoque puede ocultar las diferencias que existen entre quienes integran un mismo hogar. Mientras una persona puede pasar más de diez horas fuera de casa y comprar alimentos durante su jornada, otra puede comer en la escuela o en el lugar donde trabaja. Por ello, las experiencias alimentarias no son iguales, aun cuando pertenezcan a la misma familia.


La investigación, basada en entrevistas con albañiles, trabajadoras del hogar, personal de limpieza urbana y transportistas de bajos ingresos en la Ciudad de México, encontró que las condiciones laborales influyen directamente en la manera de alimentarse. En algunos casos, los trabajadores comen de prisa, solos o en espacios improvisados; en otros, las personas deben adaptarse a las reglas de sus empleadores o consumir alimentos en condiciones poco dignas.


Uno de los hallazgos más relevantes es que la desigualdad alimentaria también se expresa en el tiempo disponible para comer. La presión por cumplir horarios, terminar tareas o aprovechar la jornada provoca que muchas personas reduzcan o incluso omitan sus tiempos de alimentación. Además, la investigadora destacó el papel que desempeñan miles de mujeres —como cocineras, vendedoras de comida, encargadas de fondas o comerciantes ambulantes—, quienes hacen posible que otros trabajadores puedan alimentarse durante su jornada.


El estudio propone ampliar la discusión pública sobre la alimentación y vincularla con los derechos laborales. Hablar de una alimentación digna implica considerar no solo el precio o la calidad de los alimentos, sino también las pausas laborales, la movilidad urbana, la informalidad, la posibilidad de compartir la comida y la existencia de espacios adecuados para hacerlo. En otras palabras, alimentarse con dignidad también depende de las condiciones en que se trabaja.


 
 
 

Comentarios


bottom of page