La inflación nos obliga a comer mal: el costo de llenar la panza
- Redacción
- 30 ago 2025
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Redacción
Morelia, Michoacán, 30 de agosto de 2025.-La persistente inflación en México está teniendo un costo humano devastador, obligando a las familias de menores ingresos a sustituir alimentos nutritivos por opciones ultraprocesadas y baratas, lo que agrava la crisis de malnutrición y salud pública en el país.
De acuerdo con un análisis publicado en SinEmbargo, el incremento generalizado de los precios, particularmente en productos de la canasta básica como el limón, el jitomate, el huevo y la tortilla, ha forzado a los consumidores a cambiar drásticamente sus hábitos de compra. Donde antes se adquirían proteínas, frutas y verduras frescas, ahora predominan en el carrito de la compra frituras, sopas instantáneas y bebidas azucaradas.
El artículo, citando datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), detalla que alimentos fundamentales han registrado aumentos de hasta dos y tres dígitos en los últimos años. Este fenómeno ha creado una paradoja: mientras la inflación general comienza a ceder, los precios de los alimentos se mantienen tercamente altos, ejerciendo una presión insostenible sobre el bolsillo de las familias trabajadoras.
Expertos en nutrición y economía alertan que esta sustitución de dieta tiene graves consecuencias. El consumo de productos ultraprocesados, altos en azúcares, grasas y sodio, está directamente vinculado al aumento de enfermedades como diabetes, hipertensión y obesidad, que ya representan una carga enorme para el sistema de salud mexicano.
La situación va más allá de un problema coyuntural. Se señala que la estrategia gubernamental de contener precios mediante acuerdos con empresas y la importación masiva de alimentos como el maíz amarillo –destinado principalmente a la industria ganadera– no ataca las causas de raíz. La producción nacional de granos básicos para consumo humano ha sido descuidada, aumentando la dependencia del exterior y la vulnerabilidad de los precios.
El verdadero impacto recae en la ciudadanía. El reporte relata testimonios de personas que han tenido que eliminar el aguacate, reducir la compra de carne o priorizar la comida chatarra para llenar estómagos con menos dinero. Esta "inflación silenciosa" en el consumo no solo degrada la calidad de vida, sino que hipoteca la salud futura de millones de mexicanos, especialmente de los niños, profundizando la desigualdad y la inseguridad alimentaria.





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